Lo que me fascinó de esta familia era su unidad, la forma en la que se hablaban, la forma en la que se procuraban y el trato que tenían conmigo, las atenciones, hacían que me sintiera comprometido a ofrecerles por lo menos mi ayuda a la hora de poner la mesa; la mirada de todos carecía de doble intención, sencillamente me encantó, me invitaron a comer, a mi, un completo desconocido y no por ello me dejaron de tratar con esa maravillosa calidez.
Tiempo después comprendí que no debo tratar de cambiar a mi familia, porque sencillamente estaría desperdiciando tiempo que puedo pasar con ella, no debo de ver los errores de mi familia con malos ojos, solo no cometerlos, no debo juzgar a mi familia, sencillamente porque ellos son, mi familia.
