domingo, 12 de abril de 2009

Un kinder y el coche amarillo

Cuando la familia esta lejos es cuando uno más extraña. Esta semana santa mi mamá y mi hermana decidieron irse de vacaciones a la playa y dejarme a mi a cargo de la casa; fue también en esta semana cuando conocí a una familia particular. Esta familia me recibió con los brazos abiertos y su simple presencia me ponía de buen humor, un humor que sientes venir desde lo más profundo de ti mismo, gente sencilla y nada ostentosa de un pequeño lugar en Puebla, una familia que me hizo extrañar a la mía y entrar en un momento reflexivo y después de ese momento quise hacer que mi familia fuera así... Gran gran error mío, porque como es obvio, es imposible cambiar a la gente, uno puede hacer sus esfuerzos pero nunca podrá cambiarlos.
Lo que me fascinó de esta familia era su unidad, la forma en la que se hablaban, la forma en la que se procuraban  y el trato que tenían conmigo, las atenciones, hacían que me sintiera comprometido a ofrecerles por lo menos mi ayuda a la hora de poner la mesa; la mirada de todos carecía de doble intención, sencillamente me encantó, me invitaron a comer, a mi, un completo desconocido y no por ello me dejaron de tratar con esa maravillosa calidez.
Tiempo después comprendí que no debo tratar de cambiar a mi familia, porque sencillamente estaría desperdiciando tiempo que puedo pasar con ella, no debo de ver los errores de mi familia con malos ojos, solo no cometerlos, no debo juzgar a mi familia, sencillamente porque ellos son, mi familia.

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